Desnudos, entregados, con todas las licencias aceptadas, dejaban pasar la tarde entre caricias; la fotografía de sus cuerpos , movimientos, curiosidades y espacios que prolongaban sus acciones en los mínimos detalles, en lo desconocido y deseado por ambos, donde se detenía el tiempo y daba paso a un sin fin de placeres por descubrir quedaron grabados en su interior para contemplar durante años los momentos que les llevaron a su entrega inexperta y decidida; venciendo sus miedos echaron las palabras sobre al cama y ordenándolas según se iban produciendo los hechos, en un orden alocado qué a lo largo de la tarde irían armonizando para formar y consolidar su primera experiencia. Al final..., se miaron a los ojos y supieron conjugar el verbo amar......
Salva González/LON
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